Con la palabra hupa los Yurok, sus vecinos del norte, llamaban al valle ocupado por la tribu, en el curso inferior del Río Klamath, que además se asentaba en los valles del Trinity y del New River. Su lengua, ligada al atapasco, era de tronko diferente a la de las tribus próximas, karoks y yuroks.
Conocidos por sus esculturas en madera y su artesanía de cestos, su compleja estructura social -en la que los conflictos internos se zanjaban por la vía del consenso y de la indemnización del daño o el perjuicio causado- tal vez se deba a su prolongado aislamiento respecto a las tribus limítrofes. No entraron en contacto habitual con el hombre blanco hasta muy entrado el siglo XIX. Su intento por mantener su modo de vida les llevó a pactar con el gobierno de Washington la creación de una reserva en 1.865. Ha sido una de las pocas tribus nativas que no sólo ha conseguido mantener su número de integrantes, sino que incluso los ha aumentado, pasando del millar de integrantes -a mediados del siglo pasado- a más del doble en la actualidad.